Acorde Mayor :-) acorde menor :-(

Publicado el 17 noviembre, 2016,

Por Ignacio Bañares, voluntario a terreno en Bolivia.

Dedicado a Johny, José, Susana, Reinaldo, Ariel, David, Ricardo, Marcial, Miguel Ángel, María, Marcos y un larguísimo etc. hasta los más de 100.

Cotoca, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Y el Hogar Teresa de los Andes como referencia. Referente en acoger y asistir a niños y adultos con discapacidad mental y física y de variada procedencia. Personas de distinto origen en localización pero poca variación en penurias sufridas. Por encima de su portón de madera han “entrado” múltiples niños al Hogar. Abandonados, sin familia, o con familias que los rechazan o no pueden hacerse cargo de una “carga” de tal magnitud. Y nosotros y nosotras, voluntarios y voluntarias españoles recién llegados a Cotoca, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, entrando por ese mismo portón de madera, asustados, perdidos y valga la redundancia, con voluntad.

Sería fácil, bienintencionado o ingenuo hablar entonces de una voluntad inquebrantable. Al menos mi voluntad dio vueltas, se quebrantó, sufrió y se cuestionó todo lo cuestionable y más. Durante unos días me sentí más una esponja que un ser humano. Absorbiendo todas aquellas sensaciones, todo aquello que los niños, el personal del Hogar y el resto de voluntarios tenían que aportarme. Y aunque esos primeros días uno sufre de la práctica parálisis propia de una esponja, al cabo de los mismos, uno se rehace, se levanta feliz a las 6 de la mañana y se predispone a aprender y a querer.

Nuestra visita al Hogar no sería diferencial para los niños – en mi cabeza quiero creer que así lo ha sido – si no fuera por ese amor, esa imaginación y esas ganas de contribuir al desarrollo educativo y creativo de los niños y niñas que aportamos. Es cierto que puede romper esquemas y dinámicas internas, pero sacar a muchos de ellos de una rutina marcada por la mera asistencia, puede hacer surgir alguna idea, algún sentimiento inexplorado hasta entonces, algo que crear, pintar o hacer sonar.

Seguro que nosotros y nosotras, los voluntarios y voluntarias de Ayuda en Acción, nos llevamos más de lo que dejamos. Dejamos cariño, conversaciones, abrazos, ideas, gestos y un ukelele. Pero nos llevamos conocimiento de otra realidad, conocimiento de la discapacidad y las muy diversas formas de definirla y tratarla, de las consecuencias de la exclusión social, de las dinámicas de un país como Bolivia, de la vida humana y las múltiples formas de concebirla…y por encima de todo, nos llevamos amor. Amor sincero manifestado en pequeños gestos de cariño, en una confianza ciega, en sonrisas y en lágrimas.

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